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Por: Orlando Alcántara Fernández (Cristorly). E-Mail: cristorly@yahoo.com Portal Internet: http://jesus.95mb.com Teléfono: 809-528-0168. Dirección: Avenida Constitución No. 102 (Frente a la Policía), San Cristóbal, República Dominicana. la Economía de Recursos y el Automatismo Canvásico) - Ventana, Ola y Candado: Oriente, Occidente y Equinoccio: Jesucristo Dios, Señor y Salvador.- 1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.2 Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. -Anónimo- -Anónimo- Aquí no encontrarás la Promesa Azul, sino, más bien, su reflejo enturbiado por una capa obscura de nostalgia, melancolía y desolación como grito, anhelo y aullido del Cielo Prometido en la Biblia por nuestro Dios, Señor y Salvador Jesucristo, Dios hecho Hombre, El Hijo de Dios, El Hijo del Hombre. En esa incompatibilidad crística pensó Kierkegaard y en esa misma incompatibilidad crística ha ideatizado la estudiosa de la Arquitectura, artista plástica y ajedrecista Eneida de Lücke, avizorando el Paraíso Azul y del mismo modo lo recrea como síntoma de un costumbrismo impregnado de impresionismo con un aliento onírico que hace de esa Promesa Azul una promesa máyica, inmersa en el maya o ilusión de un ámbito sombrío que de ningún modo es la Promesa Azul originaria, vertiginosa y genésica que encontramos en la Biblia. El título de la exposición individual de Eneida de Lücke en la Casa de Cultura dirigida por la eximia escritora Blanca Kais Barinas -Blanquita-, novia eterna e histórica del inventor poético del Girón, Ramón Arturo Jaar, habitante ciélico ha unos años ya, proviene de un poema de la pluma de la mismísima Blanca Kais Barinas. Como sincronicidad feliz, audaz y certera el encuentro no puede ser más auspicioso. Y al ver lo polifacético de Blanca Kais Barinas como escritora, promotora cultural y mística Cristocéntrica, del mismo modo vemos y reiteramos lo polifacético en Eneida de Lücke con un amplio bagaje internacional en las lides ajedrecísticas, actual Campeona Nacional de República Dominicana como otras varias veces, y en el mare-mágnum pictórico tanto en Europa -Alemania y Francia principalmente- y en su tierra natal, Dominicana del alma, que hacen de la aeda del pincel un ente cultural de innegable valía no sólo por su raigambre histriónica cuando posa junto a un maniquí, sino, también, cuando nos regala lo mejor de sí en esta búsqueda espiritual pictórica con ambiente arquitectónico, onírico al desgaire y paisajístico desértico de gente. Y es que ningún ser humano aflora por estos canvas. Ni siquiera la oreja mutilada de Vincent Van Gogh a quien poderosamente sus cuadros en ciertas ocasiones -como en las nubes y los girasoles- nos recuerdan; ni siquiera a Gauguin, tampoco a Cézanne, mucho menos a Matisse. Nadie. Simplemente nadie aparece en estos lienzos que avizoran en silencio, el silencio prístino de la autora, el silencio amántico, polivalente y grácil de Eneida Pérez de Lücke, el silencio que todo lo dice con una sonrisa o un gesto reverente o devoto en su acendrado orientalismo ecuménico. Y esa ausencia absoluta de gente produce una tensión y un arrebato -una torsión, un desquiciamiento, un trance oculto- al espectador silente que tarde o temprano se preguntará: ¿Por qué nadie aparece? ¿Por qué todos están ausentes? ¿Dónde estoy yo, Dios mío, dónde? En ese instante Eneida se trocará en casas de la campiña, en silla de madera campestre en primer plano mirando sin rubor la orilla cercana de la playa, en árboles macizos -sólidos y robustos- que brotan desde el patio, en candado como elemento insustituible y signo de hermetismo en espera de la llave del conocimiento que libere y redima, que rompa de una vez y por todas con la DUALIDAD implícita de LA COSA EN SI del filósofo Enmanuel Kant para destrozar la angustia existencialista de Kierkegaard -no la de Camus ni de Sartre- con su estela de melancolía, nostalgia y desolación que percibimos en estas telas azuláceas. Y aquí viene satori, el despertar crístico, la Nueva Vida Cristocéntrica según II Corintios 5:17, la destrucción del mantra Om por siempre, para que sea OMNI sin repetición como nos lo indica Mateo capítulo 6 antes del Padre Nuestro. Y Eneida me entiende. No sé si me atrapa. En esas casas de entramado arquitectónico heteromórfico, así, con toda su asimetría deliberada, con su azul profundo, con su capa obscura, en la complicidad de las olas en trazo automático (como el presente texto lúdico), en la hondura nostálgica, en la melancólica ternura de esa belleza sólida en azul, ni líquida ni gaseosa -mucho menos plásmica-, encontramos el perfil de Eneida indeclinablemente dándose, y dándose por entero, pidiendo a gritos el signo, decodificando y decodificándose en todos sus registros: Esencialmente sígnica. La economía de recursos en el entorno composicional es una muestra de madurez pictórica y el uso del elemento insustituible por intuición signológica es un hecho constatable en ese candado mal puesto, desubicado, con la bisagra y el gozne verdaderamente pegados, insertados brúscamente como esas ventanas abiertas, una por cada uno de los tres cuadros de la exposición, que no están abiertas, pues no tienen sombra ni inclinación, sino, más bien, que fueron enclavadas como casillas o escaques, como movimiento congelado en la Eternidad, la misma Eternidad que es ausencia del Tiempo, en perfecta clavada de Dama contra Alfil, y así vemos que el Ajedrez es un canvas en ese jardín cuadriculado como con piezas y escaques en su interior, y en ese camino triangular con la corona y sus bordes amarillos como en señal de victoria del mismo modo que parecen una réplica del Monumento de Santiago de los Caballeros, lugar donde también vivió Eneida. Es decir, hay referentes imbricados de modo casi lúdico y decididamente heurístico que forman un ente holístico en la pintura de Eneida de Lücke y hacen de ella una pintora auténtica, comprometida ante todo con Dios en su vida espiritual que todavía no conocemos en detalle; pero que avizoramos genuina, devótica e intensa. Querer atraparte, Eneida, es todo un drama, o quizás una tragicomedia; pues quien nos atrapas como PERSEGUIDORA A LO CORTAZAR eres tú, Eneida Pérez de Lücke, con tus canvas densos, sólidos, entramáticos, de robusta factura, con evidentes polivalencias, en monocromía azul decidida y certera, verdaderamente amántica y grácil como el mensaje encerrado en la Biblia. Y yo que soy búdico, nunca budista, así te sopeso y te enclaustro. Y ese mensaje no es más que Dios hecho Hombre en la figura de Jesucristo. Así arribamos a los arcanos del Orientalismo esotérico y el exoterismo del Occidentalismo. Digo exoterismo pues el mensaje Cristiano es vulgar, común y corriente. Estamos proclamándolo siempre. De esa manera nos adentramos en el vértice tercero del satori o despertar contrapuesto al dharma y el karma dualísticos, y con satori viene la ruptura definitiva del dualismo máyico y con satori viene nirvana o el cielo mental espiritual, y con satori viene la eliminación del mantra como solución emblemática. Y de esa forma el Yin y el Yang encuentran EL EQUILIBRIO, tercer término trinitario y filosófico espiritualizado. Y sin mantra y sin OM, simplemente amparados en OMNI-Cristo, en OMNI-TU-Y-YO, en OMNI-BIBLIA todo cobra sentido y entiendes el más mínimo signo en ese cuadro que tanto te ha desvelado, que tantas noches de insomnio te ha costado al lado de tu amoroso esposo Norbert Lücke -Nobby-, en el taller o en la calle, Eneida amántica, Eneida grácil, Eneida crística: ENEIDA. No eres La Eneida de Virgilio, porque no eres la imitación de La Ilíada de Homero. Eres Eneida de Lücke original que ha buscado en el impresionismo esa ternura costumbrista que ha hecho de ti una rapsoda del pincel arrebolado en el entramado bi-dimensional. Y en todo Dios te bendice en Jesucristo. Eres libre. Eres pura. Eres ese Cielo Prometido que avizoras en estos canvas colgados en la Casa de Cultura de San Cristóbal y en esa ventana colocada como se coloca un Rey al enrocarse tú eres melancolía, nostalgia y desolación aquí y ahora para ser ciélica, amántica y grácil en lo crístico de tu mirada que desde ya prefigura otras visiones de la Eternidad, pero ya sin nostalgia, ni melancolía, ni desolación, sino, con plena "stasis", con cese de movimiento entre los dos polos, insertada en el tercer vértice de esa Trinidad que plasmaste con las tres casas y en una de ellas pusiste olas. Pero no la Trinidad orientalista, sino la Trinidad Crística Bíblica. Y ya satori no es maya. Y ya la iluminación es innegablemente CRISTICA. ¡Felicidades, eres todo un ÉXITO! Eneida Onírica, Eneida Azul" Eneida Azul, Blanquita Kais, "Promesa Azul". Eneida-Silencio En busca del hallazgo Que quita la casa obscura Y así revela el blanco canvas, Emblemátido, teleológico, Holístico, desaforado, Tranquilo, pleno y quieto: Exorcismo del alma. Eneida Azul Se vistió de tela Y se baño de numen: Fue lo que es: Azul intenso azul, azul tenue, Casas impresionistas, oníricas casas. Fue lo que será: Cielo y Paraíso bíblicos, Divina, devota y reverente. Fue lo que soy yo: Crístico, amántico y grácil. La irradiación vibra En la paleta del jaque Que me diste En Passant Con clavada y a la descubierta: Tempo, tempi ajedrecístico. Máxima Transferencia de Potencia En la Resonancia electrónica. Satori viene y es Nobby: Norbert Lücke ajedrecista y traductor. Es esa ventana insertada, Es ese candado insustituible, Es esa ola automática, Así como una serpiente-culebra. ¡Tantas cosas que veo y ya en ti, Eneida, me regodeo, Eneida de blanco: ¡ENEIDA AZUL! Dedicado al pintor José Pelletier, para quien el color es una forma más con el que materializa la belleza al desnudo en sus espléndidos canvas. No ergotizo: Soy el arconte del silogismo. Teclas, piano y cuerdas: Espíritu, alma y cuerpo: Consonancia, disonancia y resonancia: Cielo, Reino de Dios, Territorio Apache universal Desentrañándose en tu gesto. Alma-voluntad-consonancia: Cuerpo-jaula-disonancia: Espíritu-vida-resonancia. Estrella diminuta, Dime de aquella hormiga Ensortijada en mi sudario. ¿Acaso mi cruz es inhóspita cuando en Cristo veo mi almohada? ¿O es decir que mi resurrección tarda porque Cristo no está en mi armario? Traviesa alma, Ágil cuerpo, Eterno espíritu. Teclas transmiten acordes, Cuerdas emiten sonidos, Piano entramático mío. Prefijo, infijo y sufijo: Meta-Poesía-Real: Savia, raíz y estro. Consonancia en tu aridez. Disonancia en tu fugacidad. Resonancia en tu inmensidad. Trinidad divina, humana trinidad: Imagen y semejanza de Dios: ¡Somos en Cristo eternos! Muerte de la estética: Desquiciamiento lógico: ¡Etica para los inmortales! Espíritu, alma y cuerpo: Dedos, oído y alabanza. Espíritu, alma y cuerpo: Pasión, ilusión y sueños. Espíritu, alma y cuerpo: Balada, bolero y bachata: ¡Gesto! Dedicado a Melissa Artífice soy de lo nunca dicho Y en mi silencio te agolpas toda: Pura, irreconciliable, pasionaria. Artífice soy del camino crístico Y en mi soledad me acompañas tú: Hospitalaria, solidaria y mía. Artífice soy de la canción ausente Y en mi palabra decanta tu verbo: Redondo, sólido, augurante. Cristo es fórmula, clave y signo. Cristorly. 8 de diciembre del 2002. San Cristóbal. |
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Creada el 5 de mayo, 2005