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La Opinión de los Lectores


Aleph Sincrético de Eneida de Lücke:
Entre OM y la Cruz;
Entre la Unidad y el "tú y yo".


Por: Orlando Alcántara Fernández (Cristorly).
E-Mail: cristorly@yahoo.com
Portal Internet: http://jesus.95mb.com
Teléfono: 809-528-0168.
Dirección: Avenida Constitución No. 102
(Frente a la Policía),
San Cristóbal, República Dominicana.


1 Corintios 15:50-58

"Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción. 51 He aquí, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados. 52 En un momento, en un abrir de ojo, á la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. 53 Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. 54 Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuará la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria. 55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56 Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley. 57 Mas á Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo. 58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano."

Dos caras enfrentadas; una sola cara de frente. Dos mundos conciliados; la unidad de un mundo nuevo en cierne. Dos ojos en perfil nos miran desde siempre; dos ojos frente a frente nos miran como si fuera la primera vez nuestro encuentro. Eneida de Lücke logra sincretizar el OM orientalista con la Cruz occidentalista, que por demás no es tan de Occidente, pues nació en Medio Oriente. Pero para simplificar la taxonomía, llamémosla occidentalista. Y Eneida ha iniciado el periplo llena de luz y ansias de expresarse. Ha dado con la Unidad que debemos aprehender: La filosofía esclarecedora de Oriente sin ese OM que vence la Cruz, y la verdad salvífica de Occidente en esa Cruz que es OMNI, todo OMNI en Cristo Jesús resurrecto, vital y vivificándonos a cada momento.

En ese encuentro de las dos caras con la Cruz semitransparentándose sobre sus pieles, damos de lleno con ese espíritu inquisitivo de la pintora y ajedrecista Eneida de Lücke. En su búsqueda dio con la Cruz y la filosofía de Oriente puede llevarla a comprender más cabalmente esa misma Cruz que le sirve de fondo a este pequeño Aleph de Borges hecho por ella cuadro. Ese Aleph que es punto en el Universo que contiene todos los puntos. Ese Aleph que es el Padre es a su vez este lienzo entramático, vertiginoso y voraz. Los colores se niegan a ser audazmente los más frecuentados. En vez de ser azul, rojo y amarillo, son verde y son violeta. La capa obscura de luz persiste en sus adentros. Para ser una tela primigenia de muchas más telas debió ser azul, amarillo y rojo; pues estos colores primarios van de acuerdo con lo genésico del mensaje unitario. Pero, como no he visto todas las variantes, tal vez en otros afloró el azul, el amarillo y el rojo de un modo más claro.

Este Aleph sincrético lo avizoro como urdimbre de un espíritu prístino en constante búsqueda con su raigambre certera. Su raigambre que es Dios, que es la Biblia, que es Cristo resurrecto inmolado por nuestros pecados. Y en ese Aleph mínimo como tiene que ser, veo el espejo en que tenemos que mirarnos todos. Veo al "tú y yo" que todos somos. Veo la unidad en todas sus partes pese a las desavenencias y las incomprensiones, a pesar de las interferencias espirituales. Porque en Cristo vemos como a la luz de una lámpara y en su rostro vemos esos dos rostros encontrándose y reflejándose, como abarcándose. En Cristo, Dios se hace Hombre, y ese Hombre llegamos a ser todos cuando le entregamos nuestras vidas transidas de pesar por el pecado. Y en ese Aleph cósmico de Eneida de Lücke nos reflejamos todos en lo transcendente, en lo holístico y en lo inmanente. El triángulo que produce la asimetría funciona como punto de apoyo y es en esencia una ruptura halagüeña, feliz acaso, en que la pintora nos transmite un destello de sabiduría propio, un esguince de su armario de sueños, una clave por descifrar, una cláusula para descerrajar. Ese punto de apoyo indica mucho en lo que sugiere y lo veo como toque asimétrico en fuga hacia íntimas reconditeces de la autora. Aquí, con ese punto de apoyo, Eneida nos está hablando al oído, instándonos a descifrar el signo. Y ese punto de apoyo rompe con la armonía total del cuadro y es una señal inteligente de la aeda que quiere desquiciar nuestros sentidos en busca del arcano que produjo tal desequilibrio pictórico. En fin, Eneida de Lücke, aunque este cuadro no es el primero que se produce con esa tesitura temática, es una pintora exquisita que se debate entre Oriente y Occidente y al hacerlo se da así como por ósmosis por entero. La espiritualidad es evidente en sus canvas y le auguramos éxitos resonantes siguiendo la línea del presente espacio bi-dimensional que llamamos "el Aleph sincrético".



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Creada el 5 de mayo, 2005