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La Opinión de los Lectores


La Muerte Inefable
-Cuento y Ensayo-

En Torno A "La Muerte Inefable"

-Ensayo-

Por: Luciano Rafael Frías (Chachín).

"Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo".

Mateo 16: 16.


"Desparramados por la faz de la tierra, diversos de color y de rasgos, una sola cosa -el Secreto- los une y los unirá hasta el fin de sus días."
Jorge Luis Borges: La secta del Fénix.

A Jesús Arias, borgesiano sin remedio.


En "La Muerte Inefable", el escritor sancristobalense Orlando Alcántara Fernández (Cristorly) nuevamente nos deslumbra con su prosa diáfana y despejada. Desprovisto de toda pretensión superflua, este cuento, ganador de mención honorífica en la versión del 1997 del concurso literario de Casa de Teatro, es un ejercicio de rigor semántico y sintáctico. Como buen cuentista, Alcántara Fernández nos conduce a través del breve relato hasta su objetivo final, sin desvío ni digresión inútil, como saeta certera que no yerra el blanco.

Escrita en primera persona, la historia refiere la narración de la muerte-conversión de Adán Fariseo, intelectual de vida licenciosa y turbulenta, quien, no obstante, ha dejado una extensa obra que se adivina apasionante. Sin embargo, el severo narrador-albacea se encuentra ante el dilema de publicarla o, debido a que la juzga tan pecaminosa como la propia vida de Adán Fariseo, condenarla al "ostracismo del silencio".

Es inevitable sentir un olor autobiográfico en "La Muerte Inefable" (quizás el olor de un cigarrillo encendido). El tema se plantea con demasiada honestidad y valentía. En tiempos de laxo relativismo, el autor toma posición, hace confesión de fe. Es cierto, él mismo expone el pecho, corre el riesgo de ser crucificado. Pero al mismo tiempo nos echa en cara el Adán Fariseo que somos todos, porque todos padecemos la "quieta desesperación" (Joyce) que nos produce la certidumbre de la muerte. Todos andamos haciendo diabluras, tratando de olvidar que somos reos, condenados a la pena capital. No hay argumento que valga, a nadie entusiasma la idea de la anulación total, absoluta y eterna. No hay suicida alegre.

Pero, para no pasarse de grave, "La Muerte Inefable" posee un sutil y bien logrado mecanismo lúdico que gira alrededor de un eje simbólico. Al final no deja de provocar sorpresa y, lo más celebrable, humor. Es un magnífico testimonio que -una vez leído- provocará una cierta vibración en el alma de algún "lector desprevenido". Y de seguro que a todos nos planteará algunas interrogantes.

(¡Que la gloria sea para Yavé!)


La Muerte Inefable

(Cuento)


Por: Orlando Alcántara Fernández (Cristorly)

¡A Fidel Munnigh, porque lo corrigió y le gustó mucho; a Luciano Rafael Frías -Chachín-, porque es mi amigo en Jesucristo; y a Tony Adames, porque me enseñó la Verdad!

"No con ejército, ni con fuerza,
sino con mi Espíritu,
ha dicho Jehová de los ejércitos."
Zacarías 4:6.


Yo soy el único testigo de la muerte inefable del escritor satánico ADAN FARISEO. De su turbulenta existencia sólo queda un vestigio: Un cigarrillo encendido en el cenicero que en vida perteneció al occiso. Por el momento su obra permanece inédita. A mí me toca la odiosa tarea de publicar sus textos. Temo que el intoxicante sabor de sus páginas deletéreas me obligará a condenarlas al ostracismo del silencio.

Aunque llena de altibajos, toda su vida fue un pecado. El escritor ADAN FARISEO disfrutó descaradamente de los placeres de la carne: Odió al prójimo; se inmiscuyó en la política; simpatizó con el comunismo; fue sadomasoquista y homosexual; mintió y robó; blasfemó y fornicó. Nunca mató, pero con su verbo aguerrido aniquiló mundos imaginarios y recreó universos verbales que luego asesinó con una frase, con una sola palabra. Nunca se arrodilló ante un ídolo pagano; pero su corazón rindió tributo al dios de las tinieblas en sus variadas manifestaciones mundanas. Nunca adulteró, porque no se unió legalmente a ninguna mujer. Nunca usó el nombre de Jehová-Yavé en vano, porque antes de morir no lo conoció (mejor dicho, apenas lo conoció). Su muerte inesperada puso punto final al imperio de Satanás el Diablo en su piel de barro.

Los manuscritos profanos de ADAN FARISEO están sobrecargados de sutiles impurezas hábilmente disfrazadas por un humanismo a ultranza en busca de la liberación personal sin Dios ni Jesucristo. Me atrevo a afirmar que su destellante prosa en última instancia socavaría los cimientos de la imaginación creativa en cualquier lector desprevenido. Descarto, por consiguiente, que su obra literaria se vea ennoblecida con el galardón póstumo de la publicación -nimio mendrugo de la posteridad vencida-.

Por valorar sus manuscritos con palabras agrestes, Jesucristo tiene que perdonarme. Es de rigor que mi verbo sea severo al enjuiciar sus páginas, porque ADAN FARISEO fue un personaje cuyos días fluctuaron entre lo auténtico y lo falso, entre la total dependencia y la mayor autonomía. No pretendo justificarme ni racionalizar la virtual injuria.

Tengo ante mí sus textos. Los veo; los re-leo. Me avergüenza saber que ADAN FARISEO fundó "El Club de los Ateos", lugar distinguido en donde muchedumbres se daban cita para saciar sus penes. Tengo ante mí sus textos. Ahora los leo.

Pongo a Jehová por testigo. ¡Tengo que ser implacable! ¡No hay atajos! ¡No hay salida! ADAN FARISEO vivió como un desaprensivo hasta que un día terminó de investigar la Biblia. Después de negar la verdad revelada por mucho tiempo y -más notorio aún- después de interminables debates polémicos con varios de sus amigos Unitarios Universalistas de las Iglesias en las Casas en la privacidad de su habitación se arrodilló abrazando la Biblia. Le pidió humildemente a Yahweh DIOS de los Ejércitos que lavara su inmundicia con la sangre expiatoria de Su Hijo, Jesucristo.

A su mente llegó la cita clásica de Juan 3:16 según la versión de la Biblia Concordante de A. E. Knoch: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eónica." Su corazón vibró; su alma se estremeció. Permaneció de rodillas por un tiempo que parecía eterno por la sublimidad de la paz que embargó de repente su compungido ser.

Ahora la gente me asedia con sus preguntas. Les digo que ADAN falleció, que pasó a mejor vida. No me pueden entender y les confieso que algún día escribiré la historia singular y verdadera del escritor satánico ADAN FARISEO. No sé si publicaré sus textos. Sólo sé que siento incomodidad cuando la gente se acerca a mí y me cuestiona sobre el finado poeta.

En la actualidad, estoy sopesando su obra inédita. Antes de morir, le prometí al difunto vate publicar sus textos. La labor de resucitarlo a partir de las cenizas del cigarrillo encendido que aún se consume obstinadamente -consumiéndose a sí mismo y consumiéndome por dentro- es en verdad una empresa heroica -acaso titánica- que algún día realizaré a sabiendas de que mi biografiado no merece ser recordado ni siquiera por la mujer que durante nueve meses lo albergó en el resquicio sagrado de sus entrañas.

Tal vez muchos seres se encuentran en la misma condición caída. Es muy probable que la muerte inefable del escritor satánico ADAN FARISEO ilumine sus atribuladas almas. Yo, por mi parte, me he equivocado tantas veces que en esta ocasión también creo que he fallado en dar en el blanco.

Camino despacio entre la multitud. Algunos me saludan y me confunden con el extinto aeda. Yo les digo que se han equivocado, que dejar de fumar no es tan fácil. Espero que este sea -Dios mediante en Jesucristo- el último cigarrillo de ADAN FARISEO. Por lo pronto, debo asistir esta noche como todas las noches a una de las Iglesias en las Casas de los Unitarios Universalistas Bíblicos Cristianos. "¡Levántense, vámonos de aquí!" (Juan 14: 31).

Multitudes de "hombres" se encuentran desquiciados desde que cerraron el cine pornográfico "El Club de los Ateos". Su propietario, el escritor Orlando Alcántara Fernández (Cristorly), lo clausuró inesperadamente y sin aviso cuando le entregó su vida a Jesucristo, Señor y Salvador nuestro. Desde entonces la certidumbre de la Salvación Universal ha pasado a ser su mayor convicción en torno al canon bíblico de acuerdo a lo estipulado en versículos claves como Romanos 5:18, Tito 2:11, I Timoteo 4:10, II Corintios 5:19 y Romanos 11:32.

"Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que, tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo."
(Funes el memorioso)
Jorge Luis Borges.




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Creada el 5 de julio, 2005